La prehistoria de una afición

proyecto nublar halle grosso

Cuando el primer recuerdo que tienes de tu existencia es una sensación, una emoción; sabes que algo en ti nació dejando una huella en lo más profundo de tu ser, una que se gestó durante millones de años antes de que los átomos de tu cuerpo se unieran al conformarte.

Cierro los ojos e intento viajar al pasado, a los albores de mi memoria. Durante un instante logro ver a un niño de cinco años con la mirada clavada en una pantalla de cine, sin apenas parpadear y viendo cómo queda grabado a través sus sentidos una serie de sonidos, imágenes y sobre todo, sentimientos, que lo acompañarán el resto de su vida.

Desde la distancia, lo observo a la salida de la sala con la mente en plena ebullición, repitiendo mentalmente una y otra vez la maravilla que acaba de ver sin entender por qué a otros niños de su edad, la misma película los había aterrado, mientras él solo pensaba en cuándo tendría la oportunidad de volverla a ver, de volver a ver dinosaurios…

El tiempo pasa y lo veo crecer rodeado de monstruos gigantes como Godzilla, Mothra, Ghidorah, entre otros, pues en su imaginación ahí estaban, en toda su magnificencia. Me río al verlo rebobinar una y otra vez las cintas de vídeo, viendo las escenas de la Tyrannosaurus rex más famosa de Hollywood mientras sube el volumen de la televisión al máximo para oírla rugir en todo su esplendor.

La pasión lejos de menguar, crece con los años. Las pocas figuras de su colección se transforman en cientos y durante unos instantes, deseo poder decirle que no esté triste por no poder tener todas las que anhela y se pasa horas admirando en las jugueterías. Alguna vez tendrá tantas que necesitará toda una casa para poder disfrutar de ellas.

Ha llegado la hora de marcharme y mientras me despido sonrío porque sé que en realidad no estaba tan solo como él creía. En distintos rincones del mundo hay otros niños, en esos mismos instantes, con las mismas ilusiones y ganas de poder compartir su pasión. Río con complicidad porque algunos años más tarde conocerá a otros cuatro “niños grandes” y juntos, crearán la primera asociación española dedicada de lleno a compartir todo lo relacionado con la cultura pop de sus adorados lagartos terribles y de la que ahora tú, al leer estas líneas de una forma u otra, también formas parte. 

Abro los ojos y vuelvo al presente mientras la imagen del pequeño Halle se desvanece frente al reflejo del hombre en el que me he convertido. Miro la pantalla de mi ordenador y asiento con orgullo a sabiendas de que esto es solo el principio. En este instante, no puedo evitar que en mi mente resuenen siete notas musicales intercaladas entre sí mientras imagino unas puertas abriéndose y una voz ronca que me susurra: Bienvenido, a Proyecto Nublar.

 

Halle Grosso, director de comunicación de Proyecto Nublar.

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